Para un gran porcentaje de mis lectores que me leen desde el extranjero, o sea, desde fuera de España, es más que probable que no conozcan qué es ONO. Qué envidia.
ONO es otro de nuestros estupendos proveedores españoles de servicios de Internet que nos ofrece por un módico precio, en mi caso, conexión por cable a 4 MB. Y cuando se dicen 4 MB, son de bajada, porque la subida no son más que 300 kbps ridículos.
Mi familia y yo tenemos contratado, además de Internet, televisión y teléfono. En lo que respecta a estos dos últimos, no tenemos queja, aunque he de decir que todo esto lo contratamos cuando era AUNA, algo más barato que ahora.
ONO se caracteriza por ofrecer una velocidad más o menos alta y real que la de los demás ISPs; no cuentan ni Orange, que ofrece 6 MB, ni los “20 Megas, a ver si te enteras” de Jazztel - que si son 20 MB realmente, que baje Dios y lo vea -.
También, otra de sus grandiosas características es que sus DNS son… son… no sé cómo describirlo… Son una
. Si algún día resuelve algo en un tiempo decente las usaré, mientras tanto, yo, tan feliz con OpenDNS.
Dejando a un lado la publicidad gratuita, pasamos a los hechos. En varias ocasiones a lo largo de mi estancia en ONO, ha habido caídas y lentitudes en ocasiones pesadas que no perdudaron más que pocas horas, pero esto ya es el colmo del cachondeo. Llevo 3 días sin ningún tipo de conexión a Internet, aunque creo que en una ocasión tuve oportunidad de abrir el index de GMail para luego volver a desaparecer.
A algunos les parecerá poco, pero esto ya me huele al caso de la antigua Wanadoo, que estuve hasta una semana de capa caída. Acabamos por darnos de baja y nos ficharon en el archivo de morosos; como siempre, la culpa la tiene el consumidor, la empresa nuuuunca hace nada mal, por Dios, que nos den por culo a todos.
Suelo renegar de llamar al soporte técnico, pero en un momento de desesperación he optado por intentarlo, así que empiezo marcando el número de soporte técnico - para qué un 900 de coste gratuito, ¡nooo! Un 902, que es más chulo - para que me salga la tan típica y divertida grabación automática que te sueltan en cada llamada que haces; tan divertida, que a veces me da por coger y volver a marcar, esperar 3 minutos enteros para oir la grabación y ver cómo corre el contador de la llamada.
Después de un rato, me atiende una operadora que supuestamente es una “técnico especializada en servicios de Internet” - ojo, esto lo dijo la grabación -. Le expliqué mi problema, previa donación del DNI, nombre y apellidos del titular, para que, como yo esperaba, me empezara a dar una serie de instrucciones que, en serio, son divertidísimas de hacer.
Una de ellas, por ejemplo: Abra Internet Explorer - ja, ja, ja -, borre las cookies, historial, archivos… E intente entrar en alguna página. Se ve que la mujer no me escuchó cuando le dije que el módem estaba parpadeando continuamente, que no había línea. Además, qué coño, ¿de dónde saco Internet Explorer? Reinicié a XP - que la tengo para jugar, cuánto tiempo sin entrar… se me fastidió el record - sólo para seguir esas inteligentes instrucciones.
Más y más explicaciones absurdas salían de la boca de esa mujer, hasta que optó pedirme el modelo del módem y la MAC. Claro, era culpa mía, resulta que llega la señal a central; se ve que las luces parpadean porque están de fiesta, o algo así.
Al fin, acabó soltándome - por cierto, de una manera respetable pero muy poco amigable - que abriría una petición de soporte o «incidencia» como ellos dicen, con mi teléfono de contacto, pidiéndome disculpas por lo ocurrido, que se arreglará y se hará que no volverá a ocurrir.
Mientras escribía este artículo en Kate, me ha vuelto Internet de repente, se ve que me leen o algo.
Se vuelve a demostrar que las palabras ISP, decente y España no pueden ir juntas en la misma frase. Pero ya sabéis, la culpa, como siempre, la tenéis vosotros mismos. Ahora, reflexionad.
Después de escribir la anterior entrada en la que hablaba sobre mi problema, el sábado me levanté con un terrible dolor, diferente al de los demás, muy fuerte. Lo voy a explicar a continuación, pero sin antes decir que gracias a tod@s por el apoyo prestado, y he leído TODOS los comentarios y e-mails recibidos, sólo que no he podido contestarlos por razones obvias.
Si no tenía suficiente con mi fracaso escolar - y en letras grandes -, me ataca por banda el «síndrome de colon irritable» por un lado, en conjunto con el estrés y el miedo, que pienso explicar a lo largo de esta entrada; esto me ayudará a desahogarme.


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